12/03/07
El voyeurismo

El voyeurismo es una de las llamadas desviaciones sexuales o parafilias que el DSM IV (Manual diagnóstico y estadístico de la Asociación Americana de Psiquiatría) las define "por el hecho de que la imaginación o los actos inusuales o extravagantes son necesarios para conseguir la excitación sexual".
Estas pautas tienen que ser frecuentes, recurrentes y ser el modo preferido o exclusivo al cual recurre un individuo determinado para excitarse sexualmente. Es notable que algunas de estas inclinaciones se den casi exclusivamente o prevalentemente en los varones.
Muchos de estos mirones andan fisgoneando a parejas, a las cuales siguen por las calles para realizar actos masturbatorios al verlas besarse o acariciarse; otros lo hacen con sus familiares o llegan a pagar para poder ver hacer el amor, cosa que la industria del sexo ha aprovechado convenientemente montando lugares donde estos personajes ven a mujeres o a parejas manteniendo relaciones sin que ellas puedan verlos.
Contra lo que se suele creer, no son del estilo El vampiro negro, sino que suelen ser escasamente peligrosos desde el punto de las agresiones o las amenazas: ellos prefieren fisgonear a violar o abusarse sexualmente, justamente allí está el goce: en fisgonear.
Reitero que un individuo que goza en un show de strip-tease o viendo un vídeo erótico cada tanto, o al ver a su pareja desnudarse, podría verse con un rasgo de voyeurismo, pero cuando esto se tiene que dar como condición sine qua non, insoslayable para el goce, se convierte en algo estereotipado y tan rígido que el sujeto queda atrapado en él, como si hubiera habido una cierta detención en su desarrollo psicosexual: no puedo pasar de la etapa de mirar lo que Freud llamaba "la escena primaria".
El arte no podía estar ajeno a estas situaciones, especialmente el cine, arte voyeurista por excelencia (¡ni qué decir de la TV!), y grandes artistas como Alfred Hitchcock con La ventana indiscreta, Kieslowsky con Una película de amor (no desearás a la mujer de tu prójimo) o Brian de Palma con Doble de cuerpo, han fisgoneado a través de una ventana para descubrir escenas eróticas o inquietantes. En varios films del gran maestro aragonés Luis Buñuel hay un desfile casi constante de diversas desviaciones, entre las cuales el voyeurismo lleva una gran parte, como asimismo en algunos films del italiano Fellini: recordemos cuando en Amarcord el cura le pregunta al niño si se tocaba y éste, temiendo el castigo, le dice que no, pero piensa: "¿y qué íbamos a hacer a la vera del río mientras las mujeres se levantaban las polleras al lavar la ropa?", o en sus recuerdos de la Sarracena o de la Gradisca. Incluso Passolini cuando llevó al cine tres obras de geniales mirones como Bocaccio, Chaucer y el marqués de Sade en los films Decamerón, Los cuentos de Canterbury y los 120 días de Sodoma respectivamente.
Salvador Dalí narra en sus memorias sus afanes voyeurísticos y describe las orgías que armaba para excitarse mirando a jovencitos de ambos sexos haciendo el amor, no en vano algunas de sus geniales obras se llaman: El gran masturbador, La metamorfosis de Narciso y Los relojes blandos ("me acusaban de homosexual, ¡si yo antes de conocer a mi esposa Gala era impotente!"). Es interesante ver cómo Picasso en sus últimas obras ubica a mujeres mostrando la vulva o los pechos y el artista – a un costado- las mira pasivo.
Antes hablábamos del marqués de Sade quien afirmaba: "sostuve mis extravíos con razonamientos, no me puse a dudar...supe destruir en mi corazón todo lo que podía estorbar mis placeres" y desarrolló en su obra un despliegue de perversiones donde sus personajes -algunos de los cuales se solazaban viendo los actos sexuales ajenos- en obras como Los crímenes del amor o la Filosofía del tocador y la antes citada Los 120 días de Sodoma, afirman que frente a la búsqueda del deseo es válida cualquier forma de satisfacerlo, sin límite ni control. Un caso paradigmático es el de un profesor de Historia y luego devenido novelista, el austríaco Von Sacher Masoch que escribió varias obras de tono masoquista, de las cuales la más famosa es La Venus de las pieles: allí cuenta que se hacía castigar viendo por una dama envuelta en pieles. En su vida personal Sacher Masoch no pudo desprenderse de una experiencia vivida cuando tenía 10 años al contemplar una escena en la cual una tía suya hacía el amor con su amante. Desde un escondite, quizás un armario, también presenció la llegada del marido a quien la mujer castigó con un látigo por su intromisión (me imagino a la mujer diciéndole al marido-mientras lo disciplinaba-: "imbécil ¿cómo te animás a incomodarme y molestarme entrando así a la pieza?"). Desgraciadamente para el joven Masoch también fue descubierto y flagelado con el mismo látigo, quedando fijado a esa etapa infantil viendo detenido así su desarrollo sexual normal.
En uno de los relatos que escribí en La cara de Dios, el protagonista adolescente mira a través de una claraboya cómo su hermana se desvestía produciéndole esto gran excitación. Este hecho común en la infancia y la adolescencia quizás lo recuerden muchos varones en relación a sus tías, hermanas mayores o amigas de la madre, a las que miraban por el ojo de la cerradura, a través de la puerta entornada o de la ventana (como otro de los personajes de la misma obra, en un relato llamado justamente La ventana, mira a través de un vidrio pasar a un grupo de chicos por la calle y ve todo el mundo a través de esa ventana sin poder vivir). O sea que podemos decir que de poetas, de locos y de voyeurs todos tenemos un poco.
De allí a ser la única y excluyente manera para gozar del amor dista una gran distancia como es la de pintar El gran masturbador a masturbarse en la calle.
Siempre me preguntan si estos casos de los voyeurs son curables y siempre les contesto que no suelen consultar: casi siempre cuando lo hacen es porque los trae la familia, la policía o la orden de un juez. Ellos no suelen vivirlo como algo penoso salvo los casos que tengan conductas compulsivas que pongan en riesgo su integridad física y las de los demás; en esos casos se intenta con medicación y con psicoterapia y así muchos cesan en esas actitudes compulsivas. Pero el voyeur típico es un individuo que, escondido, tras las sombras, goza viendo gozar a los demás, evidenciando así un mundo sórdido, con serias dificultades en los contactos personales, afectivos y eróticos: también como Dalí, pero sin el genio del pintor catalán, son grandes onanistas, perturbados narcisos.
Extraído de sexovida.com
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10/03/07
Carta al pene

Nunca pensé que iba a dirigirme a vos de esta forma. Seguro que era algo que nos quedaba por hacer. Lamento no poder escucharte más allá de lo que puedo suponer yo, qué podrías sentir en ausencia de todas mis propias influencias. Desde chico recuerdo que me preguntaba que si la única función era la de hacer pis, porque las nenas (al menos eso me decían) te tenían con otra forma. Vos y yo sabemos en qué vamos a terminar en esta “charla”, y ojalá que nos podamos poner de acuerdo, digo, por el bien de los dos.
Ya desde que éramos chiquitos, cerca de los 7 u 8 años, me acuerdo que te frotaba contra la cama o te ponía en contacto con alguna cosa que anduviera por ahí para ver qué se sentía. Ahora los pibes de esa edad parecieran ser que tienen una idea más clara de qué cosas deben pasarle por sus hormonas, incluso antes de que esto ocurra.
Siempre me molestó que te pegaras tanto a la “bolsita”, te dije muchas veces que me molestaba, y por muchos años me acuerdo que cuando me ponía el calzoncillo te colocaba para arriba para que eso no sucediera. A veces me pregunto si fue por ello que, en respuesta al trabajo que te daba, te quedaste “petisón”, como queriendo demostrarme que la gravedad era necesaria para tu normal desarrollo. De todos modos, aunque esta locura fuera cierta, ya es demasiado tarde.
Ese es un tema que todos nosotros nos preguntamos por qué ocurre. Incluso llegué a pensar que aquellos muchachos que parecían más seguros hacían que su desarrollo fuera más rápido y mejor, algo así como si la timidez fuera una sustancia que retarda el crecimiento, y tengo que admitir que si bien siempre soñé con ser un tipo diferente nunca hice mucho por cambiar en lo concreto. Pensaba que las cosas iban a darse por sí solas, pero por lo que vemos, por lo menos en mi caso, nunca fue así. Es más, ni me acuerdo bien cuando fue nuestra primera masturbación exitosa. Sí me acuerdo que fue con esa revista de mi hermano en el baño de casa. ¡Estaba linda la morocha! Me acuerdo que me sorprendió ver hasta dónde había ido aquel manchón blanco que no terminaba incluso de entender cómo era.
Seguro que me estarás reprochando por qué en aquella época no ejercitábamos más con mujeres de verdad. Digamos básicamente que siempre fui un miedoso. Pero no es lo único. Desde chico siempre pensé que eso que hacía estaba mal. Es más, que andar con chicas era algo de gente grande, no sé de donde saqué esa estupidez. Pero me parecía que los besos eran cosa de pibes mayores de 20. De todas formas cuando llegó esa época tampoco las cosas cambiaron mucho.
Cuando iba a bailar te acordarás que jamás “levantamos” nada. Siempre me sentí (y me siento) ajeno a esos lugares. La técnica de la “parla” no la tengo. Y antes era todo mucho peor porque te acordarás que era gordo, y los complejos eran los reyes de mis actos. Ni siquiera tenía “bolas” (ya sé que te pertenecen más a vos que a mí, no hace falta que me lo recuerdes) para comprarme ropa con la que me sintiera más atractivo.
Ahora y antes de que me lo preguntes: ¿por qué no fui siquiera con una prostituta? Ya sé que te tengo podrido con el tema de cómo pensaba antes, la depresión y todo eso. Pero siempre me dieron mucha lástima esas mujeres, que por necesidad se dejan hacer cualquier mierda. ¡Cómo yo iba a reivindicar semejante basura! Era como comprar un estéreo robado, colaborando con el robo. ¿No me crees? Claro, piensas que sólo son excusas. Puede ser que inconscientemente lo sean. Porque aún hoy jamás fui a uno de esos lugares y ahora sí te confieso que por miedo. Pero te doy mi palabra de que eso era lo que yo pensaba. En realidad no es tan ajeno a la realidad, pero los años me fueron permitiendo tolerar más las bostas de este mundo que siempre quise modificar.
Cuando me tocó el servicio militar me acuerdo que uno de mis miedos era que te vieran. Me avergonzaba de vos. Fláccido eres muy chiquito. Y no voy a tolerar que me mandes a la mierda porque sabes perfectamente que más allá de mis complejos las apariencias mandan en todo este circo.
En esa época realmente me sentía mal. Ya era demasiado evidente que no era un tipo normal. Los fines de semana no tenía coartada. No tenía amigos ni con quien salir. De dónde sacar una influencia positiva. Alguien con quien perpetrar cualquier cosa. Tenía 20 años, y todavía no conocía el cuerpo de una mujer. El monstruo se me hizo enorme. Escribo esto, y me da la sensación de que si te hubiera visto más “normal” me hubiera animado más a ciertas experiencias. Pero debo admitirte que mi pasividad tampoco te ayudó. No sé, creo que siempre voy a tener la duda si es que te comportas sanamente, o si soy yo que no te dejo trabajar. A veces quiero relajarme sin importarme lo que hagas, pero no veo que por eso te muevas con más libertad.
Hoy por hoy creo que estamos transitando un buen camino, pero a veces me pregunto si no es tarde. No quiero caer en esa frase estúpida de recuperar el tiempo perdido. Los dos tenemos 29 y conocemos nuestras limitaciones. Quizás en otra época hubiéramos podido aprovechar aquellas desaforadas hormonas y haber iniciado un camino con menos espinas. Pero no es el único tema en esta vida que no da segundas oportunidades. Sí me gustaría tener la certeza de que los efectos del VIAGRA sólo van a ser necesarios por un tiempo, pero los dos conocemos bien las diferencias.
Cuando empecé a escribirte creí que iba a tener que reclamarte más cosas. Pero la ficción de darte identidad sirvió para que me animara a escribir, en definitiva que eres el propio Guillermo y tu comportamiento es coherente con lo que hice y no hice desde que estoy vivo.
Hay algo que sí quiero decirte, y es que en aquellos poquitos momentos de felicidad, aunque más no fuera a tu forma, estuviste conmigo, y sin vos, no hubieran sido posibles.
Guillermo, Bs. As., Argentina, 2001
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09/03/07
La erección, según "Il maestro" Leonardo
“El pene no obedece la orden de su Maestro, quien trata de ponerlo rígido o no, a voluntad.
Por el contrario el pene se erecta por sí mismo mientras el maestro duerme.
Se debe decir que el pene tiene su propia mente y funciona a través del ‘estiramiento’ de la imaginación”.
Extraído de sexovida.com
Leonardo Da Vinci en Wikipedia
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25/02/07
Infidelidad: Parte V

Independientemente de que el cónyuge "engañado" se entere o no, y sin perder de vista que la confesión suele llevar gran carga de hostilidad, aunado a las diferentes fases por las que atraviesa el cónyuge, víctima de la infidelidad, depués de "conocer la verdad", este tema puede consolidar la relación siempre que se hable del por qué y no del cómo, pues la pareja podrá estrechar aún más sus lazos. Es neceario iniciar la metacomunicación y salir del estereotipo de engañado contra engañador para superar la crisis.
¿Es confiable la persona infiel para armar una nueva pareja?
Depende de cada persona, de su historia, pero sí es cierto que la confianza se construye y constituye en uno de los pilares básicos de una relación estable.
Algunos de los motivos de la infidelidad femenina
La lista de razones es interminable, pero en general se intenta satisfacer carencias.
Las razones más comunes:
- Sentimientos de desvalorización. Una vez terminada la etapa del enamoramiento, enfrentamos a la pareja real, abandonando la idealizada, y, a veces, sus conductas no siempre placenteras en la convivencia defraudan nuestras expectativas. Principalmente para las mujeres, es muy importante sentirnos bellas y deseadas por nuestra pareja. Si no se cumple nuestro objetivo, sentimos una gran frustración y se devalúa nuestra autoestima. Una forma de sentirnos de nuevo atractivas y deseadas, es siendo cortejadas en una relación extramarital.
-La monotonía. Cuando la pareja descuida el tiempo en común por sus actividades personales y deja de tener detalles cariñosos con nosotras, sentimos que el amor se acabó, se produce un distanciamiento y empezamos a sentir que perdió su encanto. Un matrimonio sumido en la rutina y en el aburrimiento se puede venir abajo a causa de un encuentro con otro que nos trate con el misterio, encanto y riesgo de los que carece nuestra relación.
- Una vida sexual pobre o disfuncional (Nota del editor: haber padecido por años -ella o su pareja- anorgasmia, impotencia, deseo sexual disminuido, eyaculación precoz, fobias sexuales, vaginismo).
-Dependencia emocional de los padres. Esta conducta infantil, nos hace sentir sin su apoyo, y nuestra necesidad insatisfecha de ser escuchadas y cuidadas nos impulsa a buscar una relación extramarital.
-Buscamos nuevas sensaciones. Si se acaba la seducción del enamoramiento y se vive en el hastío de una relación, hay quienes necesitan seguir satisfaciendo su necesidad de seguir enamorados. La curiosidad de experimentar el sexo con otras personas y de vivir la aventura es un fuerte motor para buscar un affaire.
-Idealizamos a la pareja. Para seguir idealizando a nuestra pareja, muchas veces elegimos como amante a una persona totalmente opuesta. Hay mujeres que sólo con su amante llevan a cabo todas sus fantasías sexuales pero nunca con la pareja conyugal, para sentir que la siguen manteniendo en el concepto de ‘decente’.
-La pareja lo permite. Se dan casos en que la pareja acuerda el mantenimiento de relaciones extramaritales, siempre que el otro no se entere.
-Sentimos amenazada nuestra libertad. Cuando la pareja es asfixiante o se teme perder la independencia y quedar atrapados en esa relación, muchas mujeres intentan, a través de una relación extramarital, sentirse libres.
Si no has leído las anteriores partes de la entrevista, puedes empezar por el principio.
Adjuntamos igualmente la entrevista completa en word. O puedes leerla de su fuente original.
Ilustración: "Adulto", de Jorge Hernández
Las ilustraciones que acompañan a este artículo - dividido por el café humanista en 5 partes- no corresponden en su totalidad a las publicadas en su artículo original en sexovida.com
El café humanista agradece a sexovida.com el permitirnos reproducir esta entrevista, y les alienta a seguir con su interesante labor de información y esclarecimiento acerca de temas que sin duda a todos nos preocupan e interesan. Su página respira sensibilidad, tolerancia, apertura y esperamos de corazón que puedan seguir inspirándonos durante mucho tiempo.
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24/02/07
Infidelidad: Parte IV

Según Parash existe abundante evidencia biológica, primatológica y antropológica que muestra, por mucho, que los humanos han sido propensos a tener múltiples compañeros sexuales, y por otro lado, parece no existir evidencia para mostrar que la monogamia sea algo “natural” o “normal” en el ser humano.
En un estudio que realizara el antropólogo Ford junto con el psicólogo Beach en 185 sociedades humanas encontraron que menos del 16% restringen sus miembros a la monogamia, pero solamente 5% desaprueban sexo extramarital.
En otro estudio de estructura social que abarca 238 diferentes sociedades humanas alrededor del planeta, Murdoch encontró matrimonios monógamos en solo 43 de ellas; esto es, un porcentaje similar de alrededor de 16%.
La poliginia institucionalizada ha sido frecuentísima en las más diversas culturas. Sin embargo, por cuestiones de linaje y herencias, en muchas etnias se fue instituyendo la monogamia. Por ejemplo, griegos y romanos antiguos sólo podían (legalmente) de modo institucional formar matrimonios monogámicos, lo cual aseguraba las herencias en el linaje, aunque existió siempre un concubinato extramatrimonial que era "ilegal".
De todas las culturas en la cual la práctica de la poliginia ha sido (y aún es) más notoria, las más conocidas son la islámica y la hindú. En la “sharia” o legislación islámica se acepta que un varón tenga hasta cuatro esposas legales al mismo tiempo, y un número indeterminado de concubinas. En la práctica, casi siempre, los varones han sido sin embargo monogámicos debido a que la poliginia es prácticamente un privilegio reservado a los ricos, ya que el Corán estipula que el esposo debe mantener a sus mujeres y, obviamente, a la prole. La situación se da de un modo muy similar en la India: casi siempre sólo algunos adinerados podían practicar la poliginia siendo un indicador del poder económico la posesión de harenes muy numerosos, compuestos por las jóvenes más hermosas.
La poliginia ha sido institucionalizada en determinados momentos de ciertas culturas, cuando en ellas (frecuentemente por causa de la guerra) existía un importante déficit de varones en edad reproductiva. En cambio, la mujer infiel ha sido cruelmente tratada tanto por las sociedades en general, como por los escritores en particular. En Oriente y Medio Oriente, hasta hace muy poco tiempo, la infidelidad femenina era castigada con la tortura y con la muerte. Y las heroínas infieles de la literatura clásica, como Madame Bovary, Anna Karenina y muchas otras, han sufrido crueles castigos por su comportamiento.
La liberación femenina que ha tenido lugar en este siglo, por fortuna, ha cambiado esta situación. En sociedades como la sueca, la francesa, la norteamericana y la alemana, por ejemplo, la infidelidad femenina es tan frecuente como la masculina y es tratada, legal y socialmente, en la misma forma.
“ Hay distintas razones por las que dos individuos pueden permanecer juntos: económicas, por mantener una estructura familiar, para criar y cuidar a los hijos: Pero el afecto y el cariño deben ser los motivos más importantes para que dos personas vivan juntas en esta época individualista y hedonista”. (Savater)
¿Hay que confesarle a la pareja que uno tuvo una infidelidad o negarlo siempre?
Por supuesto que esto depende de la historia individual de cada uno de los miembros de la pareja y de la historia del vínculo de esa pareja. No creo que se puedan dar “recetas”. A veces la omisión permite evitar que la pareja entre en crisis. Pensemos que esa evitación a veces es una forma de posponer una crisis en la pareja, que posiblemente estalle por otros motivos.
En mi experiencia clínica, he podido observar que el “engañado” siempre subpercibe el engaño y la infidelidad pues se alteran ritmos, economía, sexualidad y los varones se muestran totalmente intolerantes ante la "invasión" de la esposa a sus centros de trabajo.
En general, es muy tolerada la infidelidad masculina pues existen creencias que la sostienen tales como pensar al varón más potente, con mayor necesidad sexual. He aquí una gran paradoja, pues se utiliza un argumento biológico para sostener un mito social, me refiero a aquello que el varón debe ser: fuerte, racional, mujeriego, con éxitos sociales, más públicos que privados y que se justifique su "sexualidad biológica".
La decencia del varón no se altera por ser adúltero, al contrario, si mantiene a la amante, hace alarde de su capacidad económica, sexual y social tradicional en cuanto al rol de macho.
Contrariamente, si la mujer es la infiel, muchas veces son sus pares (las mismas mujeres) quienes atacan esta conducta, con comportamientos como la segregación y la denuncia al "pobre cónyuge engañado". Además en muchas mujeres “engañadoras” surge un autocastigo al ser infieles pues es contrario a la imagen pública de ser decentes. También es una manera de agredir pasivamente, de defenderse ante la devaluación de sus cónyuges pues para las mujeres es muy importante ser bellas y deseables a los ojos del otro.
La infidelidad a pesar de ser "tan común" es un choque contra la integridad, pensamos que pondremos fin a la relación. Sin embargo, una vez que se descubre viene el choque emocional, el estallido de cólera, la humillación y la devaluación del sujeto engañado. Si la ruptura no aparece, entonces se forman dobles mensajes. El infiel quien cae en el arrepentimiento, primero se justifica y después exige que se le respete su tiempo y su libertad.
Por su parte, el cónyuge engañado se vuelve suspicaz y anda tras cualquier pista que le asegure que la relación extramarital llegue al fin. Cae en un círculo vicioso pues aumenta su dependencia en la medida que su conducta depende por entero de "descubrir la verdad", pero ésta nunca llega por más que existan enfrentamientos con el/la amante.
El cónyuge engañado, se compara con el/la amante en físico, poder, dinero, inteligencia y muchas veces llega a identificar al amante mediante el teléfono, domicilio, trabajo, etc. Son devastadores los efectos que estas pesquisas producen en el engañado pues éste se sitúa de inmediato en un rol inferior y sin guía social alguna.
Los engañados, por su parte atraviesan situaciones inéditas como la duda entre lo prohibido, lo permitido, lo bueno y lo malo. No hay guías satisfactorias acerca del plan de acción, ya no resultan satisfactorios los modelos de las mujeres que aguantaban al varón "hasta que la muerte los separe", aunque continúa existiendo una marcada dependencia psíquica y social hacia el otro. En varones y en mujeres hay incertidumbre acerca del futuro, del dinero, de la posición, de los ataques masculinos respecto a la renuncia del estatus social actual.
Muchas parejas consideran que si se ama verdaderamente siempre se es fiel, por otro lado, la fidelidad sexual es valorada muy positivamente a la hora de decidir mantener una relación estable.
(Mañana, la parte V)
Si no has leído las anteriores partes, puedes empezar por el principio
Entrevista extraída de sexovida.com, una página que por su interesante contenido y su sensibilidad, ocupa ya un lugar visible en este café (en nuestra nueva sección "disfrutar de una sana sexualidad" en la columna derecha)
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23/02/07
Infidelidad: Parte III
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¿Cómo descubrir si nos engañan? ¿Existe un lenguaje corporal del infiel cuando nos miente?
Existen ciertas señales que pueden encender la señal de alarma. Algunas podrían ser:
-Comienza a traerle muy seguido diferentes regalos, cosa que antes no solía hacer.
-Ha cambiado su deseo sexual y fogosidad por el rechazo y dejó ese estilo apasionado desde hace tiempo. Rechaza el contacto cercano y ha cambiado su manera de saludar.
-Antes se daba cuenta de un nuevo peinado y ahora no. Antes la aconsejaba sobre alguna manera de vestir o de maquillarse y ahora dejó de interesarle.
-Se queja porque su ropa no está perfecta, cosa que no hacía antes. Se prueba varias veces prendas diferentes y no se queda conforme fácilmente con su apariencia. Cambia de perfume y comienza a renovar su vestuario abruptamente de un día para el otro.
-Prefiere estar menos en lugares públicos y elige lugares reservados lejos de la gente para, quizás, evitar encontrarse con alguien.
-Comenzó a suspender compromisos de pareja o de negocios con motivos bien justificados pero lo hace cada vez más seguido. Su actitud hacia la responsabilidad ha cambiado y ya no se preocupa tanto por llegar tarde.
-Prefiere no hablar de ciertos temas (no sólo de la pareja)









































































