02/10/07

Más allá de la violencia: Krishnamurti

f0522230d056eabfe747ed3998a234b4.jpg6. VIOLENCIA

“Mientras el ‘mí’ sobreviva en alguna forma, ya sea de manera sutil o brutal, tendrá que haber violencia”.

¿Qué discutiremos esta mañana? La palabra discusión no es correcta; tendremos más bien un diálogo. Las opiniones no nos conducen a ningún sitio, y el entregarnos a un mero despliegue de ingenio, tendría muy poco sentido, porque la verdad no ha de ser encontrada mediante el intercambio de opiniones o de ideas. De manera que si vamos a hablar juntos sobre cualquier problema, tenemos que hacerlo en un nivel que no sea intelectual, emocional o sentimental.

INTERLOCUTOR: Creo que la guerra contra el Comunismo está justificada en cierto sentido. Quiero averiguar con usted si estoy equivocado o no. Tendrá que comprender que viví diez años bajo el Comunismo, estuve en un campo ruso de concentración y también estuve en una prisión comunista. Ellos comprenden únicamente un lenguaje, que es el del poder. De manera que mi pregunta es: ¿es ésta una guerra de autoprotección o no?

KRISHNAMURTI: Creo que cada grupo que auspicia la guerra siempre dice que ésta es para protegerse a sí mismo. Siempre han habido guerras, ofensivas y defensivas; pero hay guerras que han constituido un juego peculiar y monstruoso a través de los siglos. Y a pesar de que infortunadamente se nos considera educados y cultos, todavía disfrutamos de las más salvajes prácticas de carnicería. ¿Podríamos, pues, penetrar en la cuestión de los que es esta violencia excesiva, esta agresión del hombre? -¿podríamos ver si es del todo posible que estemos libres de ella?
Hay quienes han dicho: «No hagas demostración de violencia bajo circunstancia alguna». Esto implica vivir una vida pacífica aun cuando estemos rodeados de gente que es muy agresiva, violenta; implica una especie de núcleo en medio de personas que son salvajes, brutales, violentas. Pero, ¿cómo puede la mente liberarse ella misma de la violencia acumulada, la violencia refinada, la violencia autoprotectora, la violencia de la agresión, la violencia de la competencia, la violencia de tratar de ser alguien, la violencia de tratar de disciplinarse uno mismo conforme a un patrón, tratando de llegar a ser alguien, tratando de reprimirse y de intimidarse uno mismo, de embrutecerse, para ser no violento cómo puede la mente estar libre de todos estos tipos de violencia?
Existen tantas clases distintas de violencia. ¿Entraremos en cada clase de violencia o consideraremos la estructura total de la violencia? ¿Podemos observar todo el expectro de la violencia, y no sólo una parte de ella?
La fuente de la violencia es el «yo», el ego, el yo mismo, que se expresa de tantas maneras diferentes en la división, en tratar de llegar a ser o en ser alguien- con lo cual se divide a sí mismo como el «mí» y el «no mí», como lo inconsciente y lo consciente; el «mí» que se identifica o no se identifica, bien sea con la familia o no con la familia, con la comunidad o no con la comunidad, etc. Es como si se tratara de una piedra tirada en un lago: Las ondas se extienden y extienden, y en el centro está el «mí». Mientras sobreviva el «mí» en alguna forma, ya sea muy sutil o brutal, tendrá que haber violencia.
Pero el formular la pregunta, «¿Cuál es la raíz de la violencia?», para tratar de averiguar su causa, no implica necesariamente deshacerse de ella.
Pienso que si pudiera saber por qué soy brutal, habría terminado con ello. Entonces dedico semanas, meses, años a buscar la causa, o a leer las explicaciones de expertos sobre las varias causas de la violencia y de la agresión; pero descubro al final que todavía soy violento. ¿Es, pues, mediante el descubrimiento de la causa y el efecto que investigamos en esta cuestión de la violencia? ¿o la tomamos en su totalidad y la observamos? Vemos que la causa se convierte en el efecto y el efecto en la causa- no existe diferencia muy marcada entre ninguna causa y efecto es que el efecto se convierte en la causa- y seguimos indefinidamente en ese proceso. Pero si podemos observar este problema completo de la violencia, lo comprenderemos tan vitalmente, que ella terminará.
Hemos construido una sociedad que es violenta, y nosotros, como seres humanos, somos violentos; el ambiente, la cultura en que vivimos, es el resultado de nuestros esfuerzos, de nuestra lucha, de nuestro sufrimiento, de nuestras aterradoras brutalidades. Por lo tanto, la pregunta más importante es: ¿será posible terminar con esta tremenda violencia en nosotros mismos? Esa es realmente la cuestión.

INTERLOCUTOR: ¿Es posible transformar la violencia?

KRISHNAMURTI: La violencia es una forma de energía; es energía utilizada de tal manera que se convierte en agresión. Pero de momento no estamos tratando de transformar o de cambiar la violencia, sino de comprenderla y abarcarla tan completamente que estemos libres de la misma; que la mente haya ido más allá de ella no es tan relevante que la hayamos trascendido o transformado. ¿Es posible? ¿no es posible? es posible- ¡estas palabras que utilizamos! ¿Cómo pensamos sobre la violencia? ¿Cómo observamos la violencia? Escuchen la pregunta, por favor: ¿cómo sabe uno que es violento? Cuando uno es violento, ¿se da cuenta de ello? ¿Cómo conoce uno la violencia? Esta cuestión del conocer es realmente compleja. Cuando digo, «Yo lo conozco a usted», ¿qué significa «yo conozco»? Lo conozco como era cuando me encontré con usted ayer, o hace diez años. Pero durante el tiempo transcurrido entre hace diez años y ahora, usted ha cambiado y yo he cambiado, por lo tanto, no lo conozco a usted. Lo conozco a usted únicamente como era en el pasado, de manera que nunca puedo decir «lo conozco» por favor, comprendan primero esta cosa sencilla. Por lo tanto, sólo puedo decir: «he sido violento, pero no sé ahora qué es la violencia». Usted me dice algo que irrita mis nervios, y estoy enojado. Un segundo después, uno dice: «he estado enojado». En el momento de la ira, uno no la reconoce, es después que lo hace. Tenemos que examinar la estructura del reconocimiento; si no reconocemos eso no podremos confrontarnos con la ira en forma nueva. Estoy airado, pero es poco tiempo después que me doy cuenta de haberlo estado. La realización del hecho es el reconocimiento de que he estado airado; está ocurriendo después que he estado airado de lo contrario, no lo reconozco como ira. Vea lo que ha ocurrido: el reconocimiento interfiere con la realidad presente. Siempre estoy traduciendo la realidad presente en términos del pasado.
¿Puede uno, por lo tanto, sin traducir el presente en términos del pasado, observar la respuesta en forma nueva, con una mente fresca? Usted me llama tonto, y toda mi sangre sube a la superficie y dice: «Usted lo es también». Y ¿qué ha ocurrido en mí, emocionalmente e internamente? Tengo una imagen de mí mismo como algo que considero deseable, noble, que vale la pena; y usted está insultando esa imagen. Esa imagen, que es lo viejo, es la que responde. De manera que la siguiente pregunta es: ¿puede la respuesta no ser del pasado? ¿Puede haber un intervalo entre lo «viejo» y la realidad nueva? ¿Puede lo viejo estar indeciso, de manera que permita que lo nuevo ocurra? Creo que en eso descansa todo el problema.

INTERLOCUTOR: ¿Dice usted que toda violencia surge únicamente de la división entre lo que no es y lo que es?

KRISHNAMURTI: No, señor. Vamos a comenzar de nuevo. Somos violentos. Durante toda la existencia los seres humanos han sido violentos y son violentos. Deseo averiguar, en mi calidad de ser humano, cómo trascender esta violencia, cómo ir más allá de ella. ¿Qué he de hacer? Veo lo que la violencia ha ocasionado en el mundo, cómo ha destruido toda clase de relación, cómo ha generado una agonía profunda en uno mismo, y también miseria veo todo eso. Y me digo a mí mismo: deseo vivir una vida realmente pacífica en la cual exista una profunda abundancia de amor- de manera que toda violencia tiene que terminar. ¿Qué tengo que hacer ahora? Primero, no debo escapar de ella; estemos seguros de eso. No puedo escapar del hecho de que soy violento «escapar» de ella, bien sea condenándola o justificándola, o nombrándola como violencia- el nombrarla es una forma de condenación, una forma de justificarla.
Tengo que darme cuenta de que la mente no puede ser distraída del hecho de la violencia, ni buscando la causa, ni en la explicación de la causa, ni nombrando el hecho de que soy violento, ni justificándola, ni condenándola, o tratando de deshacerme de ella. Todas esas son maneras de distrarse del hecho de la violencia. La mente tiene que ver con absoluta claridad que no existe escape que nos libre de ella; ni puede existir el ejercicio de la voluntad que dice: «La conquistaré» la voluntad es la esencia misma de la violencia.

INTERLOCUTOR: ¿Estamos tratando de averiguar básicamente lo que es la violencia, encontrando el orden en ella?

KRISHNAMURTI: No, señor, ¿Cómo puede haber orden en la violencia? la violencia es desorden.
No puede haber escape alguno de ella, ninguna justificación intelectual, o explicativa vean la dificultad de esto, pues la mente es tan astuta, tan lista para escapar, porque no sabe qué hacer con su violencia. No es capaz de bregar con ella o creo que lo es- y, por lo tanto, escapa. Toda clase de escape, distracción, o movimiento para alejarse, sostiene la violencia, justificándola, diciendo que es necesaria para poder vivir en esta sociedad monstruosa, diciendo que la violencia forma parte de la naturaleza «mire, la naturaleza mata»- está condicionado para observar condenando, justificando o resistiendo. Puede observarla en forma nueva, fresca, únicamente cuando se da cuenta de que está identificando lo que ve con las imágenes de lo que ya conoce, y de que, por lo tanto, no está observándola de nuevo. Surge, pues, la pregunta: ¿cómo se forman esas imágenes, cuál es el mecanismo que forma las imágenes? Mi esposa me dice: «Tú eres un tonto». No me gusta eso, y ello deja una huella en mi mente. Dice alguna otra cosa, y eso deja también una cicatriz en mi mente. Estas cicatrices son las imágenes de la memoria. Pero si en el mismo momento en que ella me dice, «Tú eres un tonto», estoy atento y me doy cuenta, entonces no queda huella alguna puede que ella esté en lo correcto.
De manera que la inatención genera imágenes; la atención libera la mente de la imagen. Esto es muy sencillo. De la misma manera, si cuando tengo ira estoy completamente atento, entonces no existe la inatención que permite que el pasado surja e interfiera con la percepción real de la ira en ese momento.

INTERLOCUTOR: ¿No es esa una acción de la voluntad?

KRISHNAMURTI: Dijimos: «La voluntad es en el fondo violencias. Examinemos lo que es la voluntad: «deseo hacer eso» -«no aceptaré eso» haré eso- yo resisto, yo exijo, yo deseo, las cuales son formas de resistencia. Cuando usted dice, «me propongo eso» ello es una forma de resistencia, y la resistencia es violencia.

INTERLOCUTOR: Le sigo cuando usted dice que evadimos el problema buscando una respuesta; eso se aparta de “lo que es”.

KRISHNAMURTI: De manera que deseo saber cómo observar «lo que es». Ahora bien, estamos tratando de averiguar si es posible trascender la violencia. Decíamos: «No escape de ella; no se aleje de ese hecho central de violencia». Se formuló la pregunta: «¿Cómo sabe uno que ello es violencia?» -¿la conoce usted únicamente porque puede reconocerla como que ha sido violencia? Pero cuando la observa sin nombrarla, sin justificar ni condenar (todo lo cual es el condicionamiento del pasado) entonces la está observando de manera nueva- ¿no es así? ¿Es ella, entonces, violencia? Esta es una de las cosas más difíciles de hacer, porque toda nuestra vida está condicionada por el pasado. ¿Sabe usted lo que es vivir en el presente?

INTERLOCUTOR: Usted dice: “Esté libre de violencia” eso incluye mucho más; ¿Hasta dónde llega la libertad?

KRISHNAMURTI: Penetrar en la libertad, ¿qué significa eso? Muy adentro en lo profundo están todas las iras, frustraciones, resistencias; la mente también tiene que estar libre de ellas, ¿no es así? Yo pregunto: ¿puede la mente estar libre de la violencia activa en el presente, estar libre de todas las acumulaciones inconscientes de odio, ira, amargura, que están ahí, en lo profundo? ¿Cómo se ha de hacer esto?

INTERLOCUTOR: Si uno está libre de esta violencia en sí mismo, entonces cuando ve la violencia fuera de uno mismo, ¿no se deprime? ¿Qué va uno a hacer?

KRISHNAMURTI: Lo que uno tiene que hacer es enseñar a otro. Enseñar a otro es la profesión más elevada en el mundo no por dinero, no por su cuantiosa cuenta de banco, sino sencillamente enseñar, informar a otros.

INTERLOCUTOR: ¿Cuál es la manera más fácil de...?

KRISHNAMURTI: ¿Cuál es la manera más fácil?... (Risas)... ¡Un circo! Señor, usted enseña a otro y enseñándolo está usted mismo aprendiendo. No es que usted primero ha aprendido, ha acumulado, y entonces informa. Usted mismo es violento; comprenderse uno mismo es ayudar a otro a comprenderse a sí mismo y, por lo tanto, enseñar es aprender. Usted no ve la belleza de todo esto.
Sigamos, pues. ¿No desean ustedes saber de todo corazón qué es el amor? ¿No ha sido el clamor humano, por miles de años, averiguar cómo vivir en paz, cómo tener verdadera abundancia de amor, de compasión? Esto sólo puede manifestarse cuando existe el verdadero sentido de «no yo», ¿comprenden? Y decimos: para averiguarlo, miren bien sea desde la soledad, o desde la ira, o desde la amargura- miren, sin escapar en forma alguna. El nombrarlo constituye el escape, de manera que no le pongan nombre, obsérvenlo. Y entonces vean sin nombrarla- si la amargura existe.

INTERLOCUTOR: ¿Recomienda usted deshacerse de toda violencia, o es que alguna violencia es saludable en nuestras vidas? No me refiero a la violencia física, sino a deshacerse de frustraciones. ¿Puede ser esto de ayuda, el tratar de no estar frustrando?

KRISHNAMURTI: No. Señora. La contestación está en la pregunta: ¿por qué estamos frustrados? ¿Se ha preguntado usted alguna vez por qué se siente frustrada? Y para contestar esa pregunta ha interrogado usted: ¿qué es la realización? -¿por qué desea usted realizarse? ¿Existe tal cosa como la realización? ¿Qué es lo que se realiza? ¿es el «mí», el «mí» que es violento, el «mí» que está dividiendo, el «mí» que dice: «Soy más grande que tú», que busca ambición, fama, notoriedad? Como quiere alcanzar algo, se frustra cuando no puede conseguirlo; y entonces se llena de amargura. ¿Ven ustedes que existe algo llamado el «mí» que desea expandirse, y que, cuando no puede expandirse, se siente frustrado y, por lo tanto, amargado? esa amargura, ese deseo de expandirse es violencia. Ahora bien, cuando uno ve la verdad de eso, no existe deseo alguno de realización y, por lo tanto, no hay frustración.

INTERLOCUTOR: Tanto las plantas como los animales son cosas vivientes, ambas tratan de sobrevivir. ¿Establece usted alguna distinción entre matar animales para comer y matar plantas también para comer? De ser así, ¿por qué?

KRISHNAMURTI: Uno tiene que sobrevivir, de manera que uno mata las cosas disponibles que son menos sensibles. Nunca he comido carne en mi vida. Y creo que algunos científicos están llegando también gradualmente a ese mismo punto de vista: si ellos lo hacen, ¡entonces sí lo aceptarían todos ustedes!

INTERLOCUTOR: Me parece que cada uno aquí está acostumbrado al pensamiento aristotélico, y que usted está usando tácticas no aristotélicas; y la brecha es tan completa que estoy asombrado. ¿Cómo podemos estar en muy estrecha comunión?

KRISHNAMURTI: Esa es la dificultad, señor. Usted está acostumbrado a una fórmula o lenguaje en particular, con cierto significado, y el que les habla no tiene ese punto de vista particular. De manera que hay dificultad en la comunicación. Hemos discutido eso: hemos dicho que la palabra no es la cosa, que la descripción no es lo descrito, que la explicación no es lo explicado. Usted continúa adhiriéndose a la explicación, agarrándose a la palabra, y de ahí la dificultad.
Vemos, pues, cuánta violencia hay en el mundo proviene en parte, del miedo, y en parte, del placer-. Existe un impulso tremendo hacia la excitación, y estimulamos a la sociedad para que nos la supla. Entonces culpamos a la sociedad, mientras que somos nosotros los responsables. Y nos preguntamos a nosotros mismos si la espantosa energía de esta violencia puede ser utilizada en forma diferente. Para ser violento se requiere energía: ¿puede esa energía ser transformada o movida en otra dirección? hora bien, la misma comprensión y el ver la verdad de eso, convierte esa energía en algo completamente distinto.

INTERLOCUTOR: ¿Está usted diciendo entonces que la no violencia es absoluta? ¿Que la violencia es una desviación de lo que pudiera ser?

KRISHNAMURTI: Sí, si desea expresarlo de esa manera Decimos que la violencia es una forma de energía y que asimismo el amor es una forma de energía el amor sin celos, sin ansiedad, sin temor, sin amargura, sin toda la agonía que conlleva el llamado amor. Ahora bien, la violencia es energía, y el amor, rodeado y circundado por los celos, es también otra forma de energía. Trascender ambos, implica mover la misma energía en una dirección o dimensión totalmente distinta.

INTERLOCUTOR: ¿Es realmente violencia el amor con celos?

KRISHNAMURTI: Desde luego que lo es.

INTERLOCUTOR: De manera que tenemos las dos energías, tenemos el amor y la violencia.

KRISHNAMURTI: Se trata de la misma energía, señor.

INTERLOCUTOR: ¿Cuándo debiéramos tener experiencias psíquicas?

KRISHNAMURTI: ¿Qué tiene eso que ver con la violencia? ¿Cuándo debiera usted tener experiencia psíquica? ¡Nunca! ¿Sabe usted lo que significa tener experiencias psíquicas? Para tener esa experiencia, la experiencia perceptiva extrasensorial, uno tiene que ser extraordinariamente maduro, extraordinariamente sensible y, por lo tanto, extraordinariamente inteligente; y si uno es extraordinariamente inteligente, no desea experiencias psíquicas. (Risas).
Pongan su corazón en esto, por favor: los seres humanos se están destruyendo unos a otros mediante la violencia, el marido destruyendo a la esposa, y la mujer destruyendo al marido. Aun cuando duerman juntos, coman juntos, cada uno vive aislado con sus propios problemas, con sus propias ansiedades; y ese aislamiento es violencia. Ahora, cuando uno ve todo esto de frente con mucha claridad lo ve, no piensa en ello simplemente- cuando ve el peligro en ello, uno actúa, ¿no es así? Cuando uno ve un animal peligroso, actúa; no hay titubeo, no hay disgusto alguno entre uno y el animal uno sencillamente actúa, se aparta corriendo, o hace algo. Aquí estamos argumentando por que no vemos el peligro enorme de la violencia.
Si uno ve realmente, con su corazón, la naturaleza de la violencia, si ve el peligro de ella, el asunto ha terminado. Pero, ¿cómo puede uno sentir el peligro de ella, si no quiere ver? Ni el lenguaje aristotélico ni el no aristotélico puede ayudarlo.

INTERLOCUTOR: ¿Cómo afrontamos la violencia en otros?

KRISHNAMURTI: Ese es realmente un problema muy difícil, ¿no es así? Mi vecino es violento: ¿cómo bregaré con él?, ¿volver la otra mejilla? Él está muy contento. ¿Qué debo hacer? ¿Se haría usted esa pregunta si fuera realmente no violento, si no hubiera violencia en usted? Le ruego que preste atención a esta pregunta. Si en su corazón, en su mente, no hay violencia en absoluto, ningún odio, ninguna amargura, ningún sentido de realización, ningún deseo de ser libre, ninguna violencia, ¿se haría usted esa pregunta de cómo se enfrentaría a su vecino que es violento? ¿O sabría usted entonces qué hacer con su vecino? Otros podrían calificar de violento lo que usted hace, pero puede que usted no sea violento; tan pronto su vecino actúe violentamente, usted sabrá cómo afrontar la situación. Pero una tercera persona que esté observando podría decir: «Usted también es violento». Sin embargo, usted sabe que no lo es. Por lo tanto, lo importante es que para sí mismo esté completamente sin violencia y no importa cómo otro lo llame.

INTERLOCUTOR: ¿No es la creencia en la unidad de todas las cosas tan humana como la creencia en la división de todas las cosas?

KRISHNAMURTI: ¿Por qué desea usted creer en algo? ¿Por qué desea creer en la unidad de todos los seres humanos? el hecho es que no estamos unidos-; ¿por qué desea creer en algo que no es un hecho? Existe toda esta cuestión de la creencia; solamente piense: usted tiene una creencia y el otro tiene la suya; y pelean y se matan uno al otro por una creencia.
¿Por qué tiene alguna creencia del todo? ¿Cree usted porque tiene miedo? ¿No? ¿Cree usted que el sol sale? el hecho está ahí para ser visto, no tiene que creer en eso. La creencia es una forma de división y, por lo tanto, de violencia. Estar libre de la violencia implica estar libre de todo lo que el hombre ha impuesto a otro hombre: la creencia, el dogma, los rituales, mi país y su país, su dios y mi dios, mi opinión, su opinión, mi ideal. Todo eso ayuda a dividir a los seres humanos y, por lo tanto, a engendrar violencia. Y a pesar de que las religiones organizadas han predicado la unidad del género humano, cada religión cree que es muy superior a las otras.

INTERLOCUTOR: Interpreté lo que usted decía acerca de la unidad como significado que aquellos que predican la unidad están realmente ayudando a la división.

KRISHNAMURTI: Muy bien, señor.

INTERLOCUTOR: El propósito de la vida ¿es sólo poder afrontar la existencia?

KRISHNAMURTI: Usted dice: «¿Es éste el propósito de la vida?» pero, ¿por qué desea usted un propósito para vivir?- viva. Vivir es su propio propósito; ¿por qué desea usted un propósito? Mire: cada uno de nosotros tiene su propio propósito, el hombre religioso tiene su propósito, el científico su propósito, el cabeza de familia su propósito, etcétera, todos dividiendo. La vida del hombre que tiene un propósito genera violencia. ¡Eso es tan claro y tan sencillo!

San Diego State College, 8 de abril de 1970


Del libro:

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Más allá de la violencia
Krishnamurti

Portada extraída de www.agapea.com

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02/03/07

¡Libera los libros!

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03/03/06

León el Africano - Amin Maalouf

Amin Maalouf
León el africano (fragmento)

" A mí, Hasan, hijo de Mohamed el alamín, a mí, Juan León de Médicis, circuncidado por la mano de un barbero y bautizado por la mano de un papa, me llaman hoy el Africano, pero ni de África, ni de Europa, ni de Arabia soy. Me llaman también el Granadino, el Fesí, el Zayyati, pero no procedo de ningún país, de ninguna ciudad, de ninguna tribu. Soy hijo del camino, caravana es mi patria y mi vida la más inesperada travesía. Mis muñecas han sabido a veces de las caricias de la seda y a veces de las injurias de la lana, del oro de los príncipes y de las cadenas de los esclavos. Mis dedos han levantado mil velos, mis labios han sonrojado a mil vírgenes, mis ojos han visto agonizar ciudades y caer imperios. Por boca mía oirás el árabe, el turco, el castellano, el beréber, el hebreo, el latín y el italiano vulgar, pues todas las lenguas, todas las plegarias me pertenecen. Mas yo no pertenezco a ninguna. No soy sino de Dios y de la tierra, y a ellos retornaré un día no lejano. Y tú permanecerás después de mí, hijo mío. Y guardarás mi recuerdo. Y leerás mis libros. Y entonces volverás a ver esta escena: tu padre, ataviado a la napolitana, en esta galera que lo devuelve a la costa africana, garrapateando como mercader que hace balance al final de un largo periplo. Pero no es esto, en cierto modo, lo que estoy haciendo: qué he ganado, qué he perdido, qué he de decirle al supremo Acreedor? Me ha prestado cuarenta años que he ido dispersando a merced de los viajes: mi sabiduría ha vivido en Roma, mi pasión en el Cairo, mi angustia en Fez, y en Granada vive aún mi inocencia. "

El Poder de la Palabra
www.epdlp.com
Barcelona - Nueva York

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17/02/06

Identidades Asesinas - Amin Maalouf


Identidades asesinas es una denuncia apasionada de la locura que incita a los hombres a matarse entre sí en el nombre de una etnia, lengua o religión. Una locura que recorre el mundo de hoy desde Líbano, tierra natal del autor, hasta Afganistán, desde Ruanda y Burundi hasta Yugoslavia, sin olvidar la Europa que navega entre la creación de una casa común y el resurgir de identidades locales en países como el Reino Unido, Bélgica o España. Desde su condición de hombre a caballo entre Oriente y Occidente, Maalouf intenta comprender por qué en la historia humana la afirmación de uno ha significado la negación del otro. Pero al mismo tiempo rechaza la aceptación resignada y fatalista de tal hecho. Su mensaje es que se puede ser fiel a los propios valores sin verse amenazado por los de los demás. Ejemplos históricos, filosóficos y religiosos ilustran su teoría. Cuando a Maalouf se le pregunta si se siente más libanés o más francés él responde que por igual. Y no lo hace por diplomacia: "Lo que me hace ser yo mismo y no otro -dice Maalouf- es que estoy a caballo entre dos países, entre dos o tres lenguas, entre varias tradiciones culturales. Ésa es mi identidad...". Identidades asesinas es un canto al ciudadano frente a la tribu, una llamada a la tolerancia

Extraído de la página: http://www.muskiz.com/biblioteca/betileak/maalouf/identidades.htm

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16/02/06

Amin Maalouf, para entender las grandes convulsiones de hoy

Identidades asesinas
Capítulo 2
Cuando la modernidad viene del mundo del otro

1

Todos los que se sienten fascinados, seducidos, inquietos, horrorizados o intrigados por el mundo árabe no tienen más remedio que plantearse de vez en cuando determinadas preguntas.
¿Por qué esos velos, esos chadores, esas barbas sombrías, esos llamamientos a la muerte? ¿Por qué tantas manifestaciones de arcaísmo, de violencia? ¿Es todo ello inherente a esas sociedades, a su cultura, a su religión? ¿Es el islam incompatible con la libertad, con la democracia, con los derechos del hombre y de la mujer, con la modernidad?
Es normal que esas preguntas se formulen, y merecen algo más que las simplistas respuestas que obtienen con demasiada frecuencia. Que obtienen de de ambas partes, quiero añadir – expresión que me gusta, como el lector ya habrá advertido. Sí, de ambas partes. No puedo seguir a los que repiten machaconamente, ayer como hoy, los mismos prejuicios contra el islam, y que se creen facultados, cada vez que se produce un hecho indignante para extraer conclusiones definitivas sobre la naturaleza de determinados pueblos y de su religión. Al mismo tiempo, no me siento cómodo antes las laboriosas justificaciones de los que repiten sin pestañear que todo lo que ocurre es el resultado de un