<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<?xml-stylesheet type="text/xsl" href="/rss20.xsl" media="screen"?>
<rss xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom">
<channel>
<atom:link href="http://www.cafehumanista.net/cuentacuentos/index.rss" rel="self" type="application/rss+xml" />
<title>El café humanista - cuentacuentos</title>
<description>Un sorbo de inspiración para los humanistas del mundo</description>
<link>http://www.cafehumanista.net/cuentacuentos/</link>
<lastBuildDate>Fri, 05 Mar 2010 15:10:56 +0100</lastBuildDate>
<generator></generator>
<copyright>All Rights Reserved</copyright>
<item>
<guid isPermaLink="true">http://www.cafehumanista.net/archive/2006/03/05/la-casa-encantada.html</guid>
<title>La casa encantada</title>
<link>http://www.cafehumanista.net/archive/2006/03/05/la-casa-encantada.html</link>
<author>noreply@cafehumanista.net (...)</author>
<category>Cuentacuentos</category>
<pubDate>Sun, 05 Mar 2006 18:18:48 +0100</pubDate>
<description>
&lt;div style=&quot;text-align: left&quot;&gt;&lt;img src=&quot;http://www.cafehumanista.net/images/medium_casa.3.jpg&quot; alt=&quot;&quot; style=&quot;border-width: 0; margin: 0.7em 0;&quot; /&gt;&lt;/div&gt;Tras las cortinas, más de un vecino observaba la mudanza con cierta desconfianza. &lt;br /&gt;¿Quiénes eran esos jóvenes?&lt;br /&gt;De aspecto un tanto estrafalario y alegre.&lt;br /&gt;Con la seriedad con que juegan los niños, acarreaban muebles, cajas y objetos.&lt;br /&gt;Casi silenciosamente llevaban toda la tarde aplicados a su labor.&lt;br /&gt;Cuando algún vecino pasaba, cedían el paso con calma saludando cordialmente.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Después de aquella tarde pasaron los meses y ninguno de los funestos presagios se llegó a cumplir.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Por las mañanas se les veía salir a lo que podían ser sus estudios o sus trabajos.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Ningún escándalo,  ni continuas fiestas o jóvenes alocados de visita.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Los habitantes de la casa no sobresalían especialmente de la actividad y el ritmo del vecindario.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;¿Cuántos serían?&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Precisamente, esa aparente normalidad parecía inquietar aun más a los habitantes de los alrededores.&lt;br /&gt;Y no faltaron quienes vaticinaron aun peores augurios para el futuro.&lt;br /&gt;- Seguramente serán terroristas, narcotraficantes o de alguna oscura secta satánica. También una tapadera de la trata de blancas. &lt;br /&gt;Y seguramente por alguna de esas razones procuraban no llamar la atención.&lt;br /&gt;Pero aquellos que habitualmente se cruzaban con ellos y les saludaban no veían nada agresivo ni turbio en la serena sonrisa y el saludo cordial que recibían de ellos.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;La inquietud o tal vez la curiosidad de los vecinos terminó por llegar al comisario del barrio, hasta contagiarle.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Especialmente tras la conversación con su mujer, Sara, que le instaba a visitar la casa y así aclarar la situación y tal vez calmar al vecindario.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;No era la desconfianza lo que impulsaba a Marta a actuar de este modo pues figuraba entre quienes precisamente simpatizaba con ellos. Era su curiosidad y cierto desasosiego al ver que la cuestión adquiría magnitudes desproporcionadas entre sus vecinos.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Así que a la siguiente mañana el comisario se encontraba a primera hora de la mañana pulsando el botón de la casa mientras ensayaba mentalmente su discurso.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;-Buenos días.&lt;br /&gt;-Buenos días -respondió la joven somnolienta vestida con lo que alguna vez podría haber sido un camisón.&lt;br /&gt;-Señorita, es simplemente una formalidad, soy el comisario del barrio.&lt;br /&gt;-Ajá, -respondió la joven haciendo un esfuerzo por abrir mucho los ojos y atenderle con el debido respeto.&lt;br /&gt;-Como le decía soy... bueno, yo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Y en esos momentos la joven se dio vuelta rogándole la excusara y la esperara.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Desde la puerta entreabierta podía ver el pasillo hasta el patio; no se percibía nada extraño.&lt;br /&gt;La espera comenzaba a incomodar al comisario y se preguntaba qué había venido a hacer.&lt;br /&gt;Nadie había cometido ninguna irregularidad que justificara su visita.&lt;br /&gt;¿Qué hacía plantado delante de esa casa? No debió dejarse presionar por sus vecinos ni por su mujer.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Al tiempo, otra joven se dirigió directamente a la puerta saliendo de una de las habitaciones, pasó por su lado dándole los buenos días y antes de que él pudiera responde, ella se alejaba a paso ligero de la casa.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Casi la misma escena se repitió con una pareja que agarrada de la mano de nuevo se alejó, esta vez en dirección contraria.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Tenerle esperando de ese modo en la puerta era una falta de respeto a la autoridad; después de todo, él era el representante de la Ley. ¿Quiénes se habían creído que eran esos mequetrefes?...&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Sus pensamientos y su creciente irritación desaparecieron porque afortunadamente la misma joven que le había recibido, apareció perfectamente vestida.&lt;br /&gt;O mejor sería decir completamente vestida. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;De un modo que el comisario calificaba de &quot;poco usual&quot; en una señorita, pero que nadie podría afirmar que no era decente o fuese provocativo.&lt;br /&gt;Pues la otorgaba un aspecto casi infantil que la hacía parecer completamente inofensiva en todos los sentidos.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;- Bueno señorita, como le decía es sólo una formalidad.&lt;br /&gt;Mire yo...&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Y de nuevo la joven se dio vuelta gritando &quot;la leche&quot; y dirigiéndose a paso ligero a lo que seguramente sería la cocina.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;De nuevo estaba solo en la puerta esperando y otros dos jóvenes depilaron ante sus ojos dirigiéndose, tras saludarle amablemente, a un auto con el que se perdieron entre el trafico.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Estando esta vez la puerta completamente abierta se atrevió a entrar dando dos pasos al recibidor donde intentaba atisbar un poco mas la casa.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Seriamente irritado se movía en dos metros cuadrados como un león enjaulado.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Al aparecer de nuevo la chica, toda su irritación salió en tropel, atropellándose las palabras en la frase gritada.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;¡¿QUÉ HACEN USTEDES AQUI?!&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Le siguió un silencio y la joven, algo sorprendida, le respondió en un tono claro y sereno.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;- ¿Cómo que qué hacemos?&lt;br /&gt;- Sí -respondió el comisario con su labio inferior tembloroso-. ¿Qué hacen ustedes aquí? -Y enfatizó el tono inquisitorial alargando las últimas palabras de la frase.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;- Convivimos -respondió la Joven con simplicidad-. ¿Quiere usted un café?&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Algunas semanas después de la anécdota del comisario, alguien de nuevo llamó a la puerta.&lt;br /&gt;De nuevo fue Clara la que abrió la puerta, pues ella siempre era la que abría, como si siempre estuviera esperando una carta o alguna gran noticia.&lt;br /&gt;Ante ella había una mujer de unos 45 años no demasiado alta, hermosa de cara y un poco entrada en carnes sin llegar a estar gorda.&lt;br /&gt;- Busco a la señorita Clara.&lt;br /&gt;- Soy yo. Respondió la Joven.&lt;br /&gt;- Aaah, eres tú -comentó la mujer en un tono mucho menos formal y un tanto más alegre.&lt;br /&gt;- Me dijeron que tú eres estudiante de música.&lt;br /&gt;- Es cierto -respondió Clara con los ojos muy abiertos; solía abrirlos mucho cuando intentaba prestar especial atención.&lt;br /&gt;- ¿Puedo pasar? -comentó la mujer tímidamente.&lt;br /&gt;- Sí, claro.&lt;br /&gt;- ¿Dónde tienes el piano?&lt;br /&gt;- En mi pieza.&lt;br /&gt;- ¿Puedo verlo?&lt;br /&gt;- Pasa.&lt;br /&gt;Y ambas entraron en la espaciosa habitación poniéndose delante de un viejo piano.&lt;br /&gt;La mujer miraba el piano con una gran alegría y la joven a la mujer con un gran asombro.&lt;br /&gt;-Me llamo Sara, escribo música pero no puedo tocarla porque no tengo piano.&lt;br /&gt;-¿Cómo?&lt;br /&gt;-Sí, mi marido dice que sería un gasto inútil y a mí no me alcanza lo que gano para comprarlo.&lt;br /&gt;Tengo aquí...&lt;br /&gt;Y abrió una carpeta.&lt;br /&gt;Me gustaría escucharlo al menos una vez. Te pagaré lo que sea necesario. ¿Querrás tocarlo para mí?&lt;br /&gt;- No es necesario que me pague. ¿Por qué no lo llevó a un piano bar o algo parecido?&lt;br /&gt;-Me daría muchísima vergüenza que alguien pudiera escuchar lo que compongo. Por eso mi marido dice que sería inútil comprar un piano.&lt;br /&gt;-Esta bien, dámelo. &lt;br /&gt;-Sara le entrego las partituras con los ojos humedecidos por la emoción en los cuales se podía leer un enorme agradecimiento.&lt;br /&gt;- Tan pronto como Clara puso sus dedos sobre el teclado, la música comenzó a fluir, fluía sola, llena de emociones y podía sentir cómo la música le hablaba. Casi no necesitaba mirar la partitura para continuar tocando, pues esta fluía como si fuese su propia música y sus manos se deslizaban solas. Mientras tocaba podía sentir a Sara a su lado y sabía que Sara la sentía a ella. &lt;br /&gt;Cuando la pieza terminó ambas se miraban a los ojos como quien comparte los más profundos secretos.&lt;br /&gt;-Gracias -dijo Sara recogiendo la partitura con timidez y lágrimas en los ojos.&lt;br /&gt;Con sus papeles bajo el brazo se dirigió a la puerta con pudor.&lt;br /&gt;-¡Sara! -exclamó en tono alto la joven, como quien se acuerda de algo importante en un momento no esperado.&lt;br /&gt;Sara la miró. &lt;br /&gt;-La hija con la que sueñas eres tú.&lt;br /&gt;A Sara se le cayeron los papeles y como quien ha sido descubierto en la mitad de un crimen, salió corriendo sin ni siquiera recogerlos.&lt;br /&gt;Aunque la Joven la siguió hasta la puerta, ésta montó en un taxi y desapareció antes de que hubiese podido llamarla.&lt;br /&gt;Con cariño, la Joven recogió ordenadamente las partituras del suelo, se sentó en su mecedora con la partitura en la mano y quedó largo tiempo con la mirada perdida en algún lugar lejano.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Varias semanas más tarde, cuando Clara regreso a casa, Sara estaba esperándola en su habitación sentada en la misma mecedora y con la mirada igual de perdida.&lt;br /&gt;Al momento de entrar, Sara se levantó.&lt;br /&gt;- Venía a buscar las partituras.&lt;br /&gt;Clara le acercó una carpeta decorada a mano.&lt;br /&gt;- Están dentro la carpeta; la he hecho yo para ti.&lt;br /&gt;- Gracias.&lt;br /&gt;Y Sara se dirigió hacia la puerta.&lt;br /&gt;- ¿No querrás escuchar algo compuesto por mí? -dijo Clara con rapidez en un intento de retenerla un tiempo más.&lt;br /&gt;- Sí, claro .Y su rostro se iluminó con una sonrisa. Se sentó en la mecedora y se dispuso a escuchar.&lt;br /&gt;- ¿Por qué no tocas esta vez mi partitura?&lt;br /&gt;- Y la sonrisa de Clara se iluminó aun más.&lt;br /&gt;La música empezó a fluir y de nuevo la magia se hizo. Clara tocaba el tema como si fuese el tema de su vida y como si siempre lo hubiese tocado. Otra vez las dos eran una. Y las lágrimas terminaron anegando los ojos de ambas. &lt;br /&gt;Al termina la pieza, Sara comenzó a hablar como si se tratase de un monólogo.&lt;br /&gt;- Mi marido tiene una amante. Él dice que a mí me quiere pero de otro modo. Hace veinte años que está con ella y hace muchos años que no hacemos el amor. Yo le quiero, ¿sabes? Él tiene muy buen corazón, a veces pienso que es ella quien le tiene embrujado. Llevo esperando veinte años a que se de cuenta. Pero ahora quiero irme. Lo malo es que me da mucho miedo, estoy muy sola. A dónde iría? ¿Qué haría? Ya me acostumbre; él me trata bien y cuida de mí y yo intento cuidarle porque la otra no lo hace.&lt;br /&gt;Además él me valora, me dice que valgo mucho y que soy muy sensible, incluso a veces dice que soy hermosa. ¿Quién más podría ya verme hermosa?&lt;br /&gt;Si al menos tuviera una amiga, una compañera, tal vez me atrevería a dejarlo para siempre.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;- ¿A dónde te gustaría irte?&lt;br /&gt;- No sé, a Buenos Aires o tal vez por Europa a ver el mundo.&lt;br /&gt; ¿Qué te gustaría hacer?&lt;br /&gt;- Tocar mi música sin miedo.&lt;br /&gt;Sin saber por qué ni cómo, Clara se encontró diciendo:&lt;br /&gt;- Veámonos mañana; yo tengo algo de dinero e iremos a Buenos Aires. Allá tengo amigos, tocaremos y te verán hermosa.&lt;br /&gt;Ella no había querido decir eso, las palabras habían salido solas. Dejar a sus compañeros de casa, su familia en definitiva. Era una locura. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Sara la miró diciendo:&lt;br /&gt;-No me atreveré; le quiero.&lt;br /&gt;Clara se tranquilizó porque sus palabras le habían casi jugado una mala pasada.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Pero a la mañana siguiente timbraron a la puerta y ahí estaba Sara con una pequeña maleta.&lt;br /&gt;Respirando hondo dijo:&lt;br /&gt;-Bueno, lista, vámonos.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Clara se encontró empaquetando sus cuatro cosas y ambas se dirigieron calle adelante, perdiéndose en una soleada mañana.&lt;br /&gt;Al llegar al aeropuerto a ambas les invadía una enorme sensación de libertad y una gran alegría.&lt;br /&gt;Se subieron al avión juntas. &lt;br /&gt;Pero al despegar: Sara no estaba en su asiento.&lt;br /&gt;Todo el viaje en el avión se devanaba los sesos intentando entender qué había pasado. Ella se había metido en ese viaje por ayudar a Sara que se encontraba atrapada por una falsa esperanza. Y ahora era ella la que se alejaba a miles de kilómetros de aquello que más amaba. ¿Qué había pasado?&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Así que aquella misma noche, Clara vagaba por esa gran ciudad aun desconocida. Sin saber por qué, sentía que estaba buscando a Sara. Aun sabiendo que esta no había bajado del avión en ese lugar.&lt;br /&gt;Entró en un café donde un pianista tocaba un viejo tema de Jazz, Summertime (Tiempo de verano)&lt;br /&gt;Al terciar, apenas quedaban clientes, pago su café y en esos momento el pianista se puso a tocar el tema de SARA.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Con paso firme, casi corriendo se acerco a él.&lt;br /&gt;- ¿De quién es ese tema?&lt;br /&gt;- La música es del que la escucha.&lt;br /&gt;- Sí, pero ¿quién escribió este?&lt;br /&gt;- Lo sabes muy bien, pequeña.&lt;br /&gt;- Ese tema es de Sara.&lt;br /&gt;- Ese tema es tuyo.&lt;br /&gt;- ¿Cómo que es mío?&lt;br /&gt;-¿Es que no lo sabes? Sara eres tú. Sara eres tú, Sara eres tú, Sara eres tú...&lt;br /&gt;- ¡Claro, Sara soy yo! -gritó Clara con alegría. ¿Y tú quién eres? Yo no soy tú, pero tú sí eres yo...&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; la carta...&lt;br /&gt;Algunos días mas tarde el cartero llevo una postal a la casa. Era de Clara y todos se sentaron a     leerla juntos.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;    Queridos Amigos &lt;br /&gt;    Es cierto que os hecho mucho de menos pero por ahora podéis buscar a alguien que ocupe el espacio que ocupe yo por un tiempo. Porque no tengo pensado regresar todavía.&lt;br /&gt;    Gracias por todo a todos.&lt;br /&gt;    Os quiero.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;    Besos Clara&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Se miraron todos entre sí y la alegría y la complicidad se cruzó en todas las miradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuento enviado por: Corwam
</description>
</item>
</channel>
</rss>