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10/03/08

Baires Digital

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Buenos Aires es una ciudad vibrante, con pulso a ritmo de dos por cuatro, el símbolo de su breve pero profunda raigambre. Sus nombres varían de acuerdo al huesped que la saborea. Porque la ciudad es así, se saborea, se huele, se oye, se pega a la piel, se respira. Hasta se podría afirmar que una vez pisada, queda pegada a la suela de los zapatos.

El piloto de aerolinea la llama BUE, el historiador la conoce como Buenos Ayres, el telégrafo la bautizó Baires y el apurado redactor supo guardar ese nombre. La Reina del Plata, la llama el tanguero añorante, BsAs, susurran los sobres del correo, y en la cábala telefónica internacional, la conocen por su código personal +54(11), traducido a pulsos.

A veces, en alguna callecita de esas, sus viejos dientes de adoquín se abren paso a través de la cubierta de asfalto y muestran orgullosos un pedacito de pasado; con sus simetrías pétreas, adornadas de a tramos por viejos rieles relucientes del tranvía que alguna vez las recorrió.

Sobre el asfalto, tanto en los húmedos inviernos como en los tórridos veranos, a toda hora se baila el minué del movimiento colectivo, del cual participan micros fileteados con dibujos y colores infinitos, taxis negros con gorra amarilla, autos y camiones, sin contar a los peatones que de a miles, cruzan a ritmo tricolor, las arterias más importantes.

De vez en cuando y en determinadas esquinas, un enjambre de siluetas hormigueantes, emerge de repente del subsuelo. Son porteños abducidos de a pocos en lejanas trampas esquineras; tragados por arteras bocas de misteriosos túneles subterráneos, que tras empacarlos en enormes gusanos de metal, y despues de vapulearlos una o más veces, los expulsan de a borbotones en alejadas aberturas esquineras, según sea el destino elegido por la ocasional víctima.

El Centro de la ciudad está agrupado en torno a dos de las más tradicionales avenidas, la Av. de Mayo y la Av. Corrientes. La Av. de Mayo, tapizada en todo su recorrido por un sinnúmero de cafetines, restaurantes y teatros es, desde la perspectiva urbanística, una avenida biplaza, porque transcurre entre la pomposa Plaza de Mayo, rodeada por grandes celebridades patrias y la Plaza del Congreso ubicada en el otro extremo. En su mismísimo comienzo, se le escapan dos breves pero intensas diagonales, una norte y una sur. Si el caminante sigue la traza norte, a poco de andar, queda frente a uno de los símbolos más emblemáticos del lugar.

9f86cdd05455e58aad13e2723a119c72.jpgEn medio de la ancha Avenida 9 de Julio, en su cruce con Corrientes, la avenida del tango, la más tradicional de las esquinas, se yergue el Obelisco, como un mojón lanzado desde las entrañas de la tierra. Orgulloso sabe, que el país entero gira en torno a él. Y el país le concede ese honor, porque no está en el centro de la ciudad; pero es, el centro de la ciudad por antonomasia, viene a ser el ombligo del argentino. No es el kilómetro cero, mojón inicial de todo periplo, de toda la ruta, de todo trayecto, pero es la referencia universal, el eje del universo, y la confirmación que el porteño necesita ver a diario, para saber que está en casa, y que todo está en su lugar.


Fotos y texto de Germán Porten

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