16/02/07
Pinceladas sobre la vida de Tolstoi

Nicolás García Herrera
León Tolstoi vivió con intensísima vitalidad, tanto psíquica como física, toda su larga existencia. Durante su primer medio siglo de vida gustó de una placidez cotidiana, como reconoce en su correspondencia: “... al menos hasta el momento en que me casé... la verdad es que no tengo ningún recuerdo triste ni penoso.”
Esta primera etapa está presidida por el Arte. Se sumerge con toda su sensibilidad en la creación literaria y goza de su arte. Así, escribiendo Guerra y Paz, a veces llora de emoción.
“No hay verdadero placer si no es el de crear.”
Pero durante el siguiente tercio de siglo la situación anímica fue muy diferente. Esta segunda etapa la llena la Vida. La tragedia ocurre cuando Vida y Arte se amalgaman. Porque son realidades que no pueden identificarse, y Tolstoi lo pretendió, probablemente creyendo que el poder que la pluma le daba en la literatura era transportable a la vida cotidiana.
“Esta conciencia de poder constituye nuestra felicidad. La felicidad de los escritores.”
Su sensibilidad profundamente humana quiso una ligazón entre la vida y el arte que, de suyo, no es posible. El Arte requiere un entramado ficticio, irreal. En lo más hondo de lo humano, en cambio, se encuentra la Verdad, lo auténtico. Tolstoi quiso construir su vida real de forma literaria y la dramatización proyectada se resistió a transformarse en existencia palpitante. El rígido armazón de los intereses económicos y sociales pronto atenazó las ilusiones e imposibilitó su conversión en vida “de verdad”.
El resultado de este conflicto es el desasosiego hasta la desesperación. Y él es perfectamente consciente desde su aparición.
“A los cincuenta, la vida se paró y se volvió lúgubre.” Los síntomas: insomnio, sobresaltos, inquietud, rebeldía, huída..., sin vivir constante.
“Trato de echarme a dormir pero, apenas en la cama, el terror hace que me levante. Es una angustia como la que precede al vómito; parece que mi ser se va a romper a trozos, sin llegar nunca a romperse.” “No hay felicidad en la existencia, no hay más que relámpagos de felicidad.”
Y es que decide usar su Arte para cambiar los pilares de la sociedad.
Quiere transformar la educación. E intenta implantar en la práctica un sistema educativo perfecto. Lo ensaya en Yasnaia Poliana con los hijos de sus campesinos. Fuera ataduras. Sin imposiciones. Clases al aire libre. Incluso elabora métodos de lectura, escritura y Aritmética... todo demasiado fantasioso. Ante las caritas de los niños en sus pupitres toma conciencia de que la realidad es muy distinta a la ilusión: “¡Ah! ¿Cómo salvarlos?”.
Y aún va más allá de la pedagogía, quiere la renovación total de la sociedad, empezará por luchar contra la desigualdad entre poderosos y desheredados: ¿por qué no dar su fortuna a los pobres? Y empieza el reparto. Pronto su familia interrumpe el proceso. Debe poner sus propiedades a nombre de su mujer. Él ve que no es esa la solución que pretendía. Los pobres seguirán siendo pobres.
“La posesión que he regalado yo a mi mujer y a mis hijos (...) Un juego de manos hecho ante el público, no otra cosa ha sido la renuncia a mi fortuna.”
“Vergüenza he de sentir ante Dios, en cuyo nombre yo, León Tolstoi, predico la justicia a los hombres.”
Quiere romper esa situación desequilibrada en que vive y en 1884 huye de su hogar. Regresa, y se va de nuevo en 1897.
“Ahora en que ya he cumplido setenta años, mi alma anhela con todas sus fuerzas la tranquilidad y la soledad para vivir en armonía con mi conciencia o –si eso no puede lograrse- huir de la contradicción que hay entre mi vida y mis creencias.”
Deja escrito en una carta a su esposa:
“Los hijos son ahora mayores y mi presencia en la casa no les es necesaria.”
Pero vuelve, hasta su última y definitiva huída en 1910. Con qué intensidad hay que vivir la situación para que, con ochenta y dos años, con el ímpetu propio de un adolescente, decida coger un tren, llevando prácticamente lo puesto, y dejar casa y familia, para huir buscando la soledad y el encuentro consigo mismo y con la muerte.
“Ahora nadie necesita de mí en esta casa... Ayúdame, Dios mío; ilumíname; yo no quiero hacer mi voluntad, sino la tuya.”
Se fue de su casa el 28 de octubre de 1910, en tren junto a su médico. Murió en 7 de noviembre en la estación de Astapovo, donde se refugió en una pequeña habitación que le cedió el jefe de estación (no había otra posibilidad de alojamiento).
Acaso en este momento sí consiguiera unir finalmente su arte (su tragedia) y su vida (su muerte).
Extraído de : http://www.escribeyloedito.com/Tolstoi.htm
16:05 Anotado en Vidas que nos inspiran | Permalink | Comentarios (0) | Email esto | Tags: Leon Tolstoi











































































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